Hanabie convirtió el Teatro Estudio Cavaret en un torbellino de energía
Guadalajara
Hay personas que definitivamente nacieron para estar sobre un escenario. Personas capaces de transmitir una energía que parece inagotable, de contagiar el ánimo a cientos de asistentes y de llevar a toda una multitud al ritmo de su música. Logran que un par de horas se conviertan en un instante fugaz, un suspiro de felicidad desbordante que deja el cuerpo sin aliento, pero lleno de vida. Un grupo de esas personas es, sin duda, Hanabie.
De principio a fin, su energía electrizó el recinto y no dejó una sola melena quieta. Entre voces dulces y kawaii que, de un instante a otro, se transformaban en impresionantes guturales, potentes riffs de guitarra, un bajo contundente y una batería precisa y explosiva, la banda construyó una avalancha sonora que nunca perdió intensidad. Todo esto acompañado por un movimiento constante sobre el escenario: brincos, headbanging y gestos que parecían sacados de un anime de comedia romántica. Así se vive un concierto de estas pequeñas mujeronas que saben perfectamente cómo hacer rock.
Uno de los aspectos más interesantes de Hanabie es que la banda nació en Tokio en 2015 gracias a la amistad entre Yukina y Matsuri, quienes comenzaron el proyecto mientras aún estaban en la preparatoria. Con el paso de los años desarrollaron un estilo propio que mezcla metalcore, hardcore, nu metal y la estética Harajuku, una combinación que ellas mismas describen como “Harajuku-core”. Esa identidad las ha llevado a presentarse en festivales internacionales como Download Festival y a conquistar escenarios en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, demostrando que el metal japonés atraviesa uno de sus mejores momentos.
Yukina, Matsuri, Hettsu y Chika vinieron a dejar claro por qué son una banda que difícilmente se olvida. También dejaron con ganas de más a quienes tuvimos la fortuna de verlas llenar de color y metal vibrante el escenario del Teatro Estudio Cavaret, frente a un público que respondió con la misma intensidad: coreando cada canción, brincando, levantando las manos y devolviendo con entusiasmo todo el cariño que la banda vino a compartir hasta estas lejanas tierras tapatías… lejanas para ellas, claro.
La conexión entre Hanabie y Guadalajara fue inmediata. No importó la diferencia de idioma; la música hizo el resto. La banda sonrió, agradeció en varias ocasiones al público mexicano y recibió una respuesta que difícilmente olvidará. Esa comunión entre escenario y audiencia fue, quizá, uno de los momentos más especiales de la noche.
Ojalá sean muchos años más de Hanabie y muchas visitas más a Guadalajara, una ciudad que terminó la noche con una sola sensación: quedarse con ganas de volver a verlas lo antes posible.
¡COMPARTE LA NOTA!
MÁS RESEÑAS
Guadalajara
Los artistas que pondrán música al Mundial 2026: de Shakira y Maná a Katy Perry y J Balvin
Guadalajara
La Dosis regresó a Guadalajara: funk, nostalgia y una noche para recordar en C3 Stage
Guadalajara